La estructura psicótica y el modo de producción neoliberal

Introducción

 

El capitalismo en su fase neoliberal (ni hablar en estos tiempos de aceleración de la marcha) es una máquina de producir psicosis. La psicosis puede ser funcional, puede ser una estructura que se conserve. Así que no se trata de ansiedad, atención dispersa, compulsividad, adicción. Se trata, como dice Jorge Alemán, de una mutación antropológica. El sujeto conforme a los parámetros que el sistema establece es un sujeto psicótico, aquejado de todos los efectos posibles para esta estructura. No hay vuelta atrás, estamos destinados a desaparecer por nuestro propio desarrollo histórico. No sé si alguna otra especie habrá construido su extinción, por lo que sabemos, las grandes extinciones en el planeta se han debido a factores externos a la especie.

La razón de la extinción es que la psicosis no produce lazos, no genera comunidad, y hasta hace un tiempo el hábitat en sociedad era la forma de existencia posible para lo humano. Así que el futuro puede ser la extinción, o la aparición de otro modo posible de existencia que no requiera instituciones (que están producidas por lo que en psicoanálisis llamamos lazo). De cualquier modo, algo desaparecerá, lo que entendíamos por ser humano. Las máquinas inteligentes serán, quizá, el modo en que la vida siga su curso.

 

Por qué el modo de producción capitalista produce psicosis

 

Para poder comprender el mecanismo de producción de psicosis del capitalismo tendríamos que entender cómo se construye una persona psicótica. Tal elucidación, hasta donde yo he podido saber, no ha llegado a producirse, no existe una explicación clara de qué factores dan por resultado un sujeto con estructura psicótica. El significante de una falta en el Otro S(₳) se inscribe o no se inscribe y eso divide aguas entre neurosis y psicosis (para decirlo groso modo). Entonces, podemos describir las condiciones de la psicosis (la no inscripción del S(₳)) pero no podemos decir con certeza qué factores la producen.

Lo sólido desvaneciéndose en el aire[1] quizá sea la punta del ovillo que desenrede una aproximación a la frase “el capitalismo es una máquina de producir psicosis”. Los oficios, las profesiones, los trabajos, eran instituciones en el pasado, es decir, estaban tácitamente reglados por la historia familiar, por el modo (que podía o no ser eventual) en que los antepasados directos y remotos se relacionaron con ese quehacer, y esto aseguraba la existencia de un diálogo que sostenía la estructura institucional. Incluso en los momentos en que se producían las crisis, lo instituyente embestía a la estructura por reformar, con ese mismo diálogo.

 

El concepto de institución

 

El paso del feudalismo al capitalismo fue el pasaje de las monarquías de derecho divino a los estados nación, la ley marcial fue sustituida paulatinamente por las democracias, también paulatinamente se pasó del ciervo al obrero, pero las democracias conservaron algo del poder absoluto del monarca en el poder absoluto del soberano, a través del sistema de justicia integrado por jueces y abogados que garantiza un procedimiento normado para ejercer, con la sentencia, ese poder. A esto más o menos se refieren los teóricos con el término institución. En el caso del estado de derecho existe un cuerpo de normas escritas, en el caso de las herencias de profesiones y oficios la normativa no figura tanto de forma escrita como en los usos y costumbres, la Moral en el sentido Romano (mos maiorum).

Entonces lo institucional sería la condición del lazo, que, al desvanecerse en el aire se lleva puesto al lazo, produciendo un ser psicótico.

 

El más reciente fortalecimiento institucional

 

                Hay un relato al que adhiero (forma parte de mi supuesto) y es que mucho más acá en el tiempo, luego de la segunda guerra mundial, los Estados Nación fortalecieron en occidente el poder de las instituciones. Dicho de una forma psicoanalítica, las instituciones se fortalecieron para cuidarnos de nosotros mismos, es decir, como los mecanismos de enclavamiento los seres humanos nos dimos un dispositivo que pudiera moderar y tramitar las variopintas modalidades del conflicto que se produce por el hecho de ser seres humanos viviendo en sociedad. 

                Lo que me causa curiosidad es el breve tiempo que ha permanecido en pie esta institucionalidad fortalecida. Desde fines de la segunda guerra mundial hasta el inicio del nuevo milenio, cuando comenzaron, curiosamente, a ser más nutridas las estadísticas en relación al campo de los individuos psicóticos.[2]  

  

Un lazo con el objeto

 

Retomando la idea central, un lazo con el objeto, sería un buen título; es decir ningún lazo. Porque lo que requiere el lazo es una estructura neurótica, digamos, para que los significantes puedan tejerse en torno a un agujero que no se ve, que queda oculto. El capitalismo es la demostración de que el agujero está en el centro de la existencia (simbólica) del sujeto, es la revelación del objeto a, lo que la revolución produce. La revolución constante es el capitalismo.

Habría que precisar cómo es que se ubica el sujeto fuera del lazo, la psicosis. En la medida en que se intenta enlazar al sujeto con el objeto y eso fracasa (porque el lazo requiere de un otro que oferte significantes y de ese modo llegar a producir al Otro); en la medida en que esto insiste, el objeto ocupa el centro de la escena y el lazo no se produce porque el objeto no responde con significantes, el objeto es simbólicamente estático, es una estatua, una imagen.

La razón por la cual el sujeto queda expuesto al objeto es la cada vez más escasa oferta de un sujeto con el que interactuar, la imposibilidad casi, de que aparezca un sujeto en escena. Porque el requerimiento cada vez más imperioso de objetos de consumo para sobrevivir en las grandes urbes hace que los niño que vienen naciendo no tengan a mano un otro con quien interactuar, incluso las familias que pueden solventar el gasto de cuidadores (guarderías, niñeras, etc.) dejan a esos pequeños en manos de personas igualmente atareadas con el problema de ganarse el sustento minuto a minuto, al cuidado de personas sin tiempo que perder, sin tiempo para darle lugar al niño que cuidan porque lo que prima es el consumo.

Indago un poco más en este proceso que describo, “requerimiento cada vez más imperioso de objetos de consumo para sobrevivir”. Quiere decir que la máquina productiva nos capta cada vez con más insistencia dejándonos un tiempo nulo para estar en los lugares de no-producción (incluso al escribir caigo en la trampa del emplazamiento discursivo queriéndole otorgar un lugar a cada cosa), a ver, la idea es que en épocas donde la institución funcionaba, la crianza como la política, la religión, la familia, el trabajo, el club, eran lugares donde no todo se confeccionaba con miras a la producción capitalista, lugares de lazo, de historización. Como nota al margen, es sorprendente que ese momento de “funcionamiento” haya sido un período breve, que se trata del estado de bienestar.  

 

Los enlazados que se sueltan

 

Por otro lado, está el problema de las personas que, habiendo nacido en el contexto de la presencia del otro, se ven obligadas a abandonar el lazo que se construyó, por los requerimientos que ser mano de obra para la maquinaria capitalista, entraña.

Aquí vuelve a aparecer la idea de el lazo con el objeto, ya que los innumerables  in-sujetos necesarios para pertenecer al entramado productivo no dejan tiempo para que se “produzca” ese lugar del tejido simbólico que permite que cada uno de nosotros pueda observarse en una cierta perspectiva existencial, pueda historizarse y asumir así un sentido para su vida.

  

         Valor de uso y valor de cambio

 

Valor de cambio y valor de uso, el componente valor de cambio convierte a los sujetos en objetos porque los convierte en mercancía intercambiable, al punto de obligar al sujeto a producirse conforme una imagen consumible, deseada, objetiva. Ese imperio de la imagen es el imperio de la psicosis, en el límite. En tiempos en los que la producción se ha acelerado tanto estamos arribando a ese límite.

El fenómeno que se da es que el valor de uso, que es el que conecta a las personas a través del objeto con la cultura, el lenguaje, la política, la historia, todo lo que implica un mundo multicolor y humano, el valor de uso ha retrocedido como prioridad ante el valor de cambio (pinturas invisibles que se venden por millones de dólares, gestos, imágenes vacías que adquieren valor en el mercado, etc.), se invierte en lo que puede comprarse y venderse no en lo que, vía la utilidad, produce una relación de producción que es en sí misma lo que enlaza. No, lo que puede intercambiarse sin pensar en su utilidad es lo que se comercializa. Y la comercialización es el modo que las personas tienen de tener un ingreso de dinero para poder satisfacer sus necesidades, que en vez de ser “necesidades” en relación al uso “vital” son necesidades ineptas para la socialización. La mayoría del tiempo se trata de una comercialización de la imagen.   

 

Volviendo al punto

 

                Psicosis ha pasado de ser un término que señalaba lo anómalo a ser un término que podría señalar lo cotidiano. La neurobiología nos ha llenado de etiquetas para nombrar este fenómeno, déficit de atención, autismo, bipolaridad, trastorno límite, etc., etc. Millones de etcéteras.  

                Así que no se trata de ansiedad, atención dispersa, compulsividad, adicción, como dije más arriba. Se trata del valor de lo propiamente antropológico, lo que hasta no hace mucho tiempo atrás le daba sentido a esta disciplina. Por eso es que en palabras de Jorge Alemán sería una mutación antropológica. Que los que sobrevivan a esta era serán seres que no mirarán con ojos familiares el pasado del mundo que quedó atrás.  

 

 

 



[1] La frase proviene del Manifiesto Comunista (1848), escrito por Karl Marx y Friedrich Engels. https://www.deia.eus/opinion/2020/08/07/solido-desvanece-aire-4687602.html

[2] Hay investigaciones científicas que confirman un aumento sostenido de trastornos psicóticos en las generaciones nacidas a fines del siglo pasado (millennials) y a comienzos del año 2000 (Generación Z) https://www.infobae.com/salud/2026/02/03/millennials-la-generacion-z-sufre-tasas-aumentadas-de-psicosis-y-esquizofrenia/


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